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    2019-05-22

    En esta columna, al mismo tiempo que se congratulaban de informar la generosa donación de Andrew Carnegie, de 250 mil dólares para una biblioteca en La Habana, señalaban la inexorable presencia del poder foráneo estadounidense. Una vez inaugurada la República, afirmaba La Lucha: “Después del 20 de mayo los extranjeros continuarán haciendo el trabajo, conduciendo las industrias, pagando impuestos y manteniendo las instituciones de la sociedad civilizada”. En Vísperas Republicanas del día 3 de abril de 1902 se comentaban las posibles inclusiones de cubanos en el nuevo gobierno: “Ni Méndez Capote ni Tamayo formarán parte del gabinete de Estrada Palma, se rumora que Manuel Sanguily sí será incorporado ‘preferible tenerlo callado’ pero no en la secretaría de instrucción pública”. En la edición del 5 de abril se abordó la cuestión de la especulación de tierras que se estaba viviendo en Cuba con la llegada de extranjeros deseosos de poseer bienes raíces en la Isla. Los columnistas también aconsejaban Mouse HGF / Hepatocyte Growth Factor Protein (His Tag) los cubanos vender una parte de sus tierras para pagar las hipotecas. De igual manera, criticaban a aquellos cubanos que han abandonado sus propiedades “[…] y se lanzan a buscar puestos en el gobierno, prefieren la vida burocrática que dedicarse a la producción de tierra y de las empresas”. A mediados del mes de abril, informó la composición de la cámara de diputados: “En las cámaras no prevalecen las clases productoras de la riqueza o las trabajadoras, sino los abogados (13) médicos (4), empleados, guardia rural, periodistas y 3 terratenientes”. Posteriormente se vuelve a centrar en el malestar económico, aduciendo: “Es imposible sostener la actual organización burocrática [por lo que] hay que reducir en un 50% los sueldos […] recortar el personal […], existe una mala situación económica”. A la problemática interna, se sumaban las medidas impulsadas desde Washington. La Lucha, alertaba sobre la animadversión entre los demócratas y republicanos, en la que los primeros acusaban a los segundos de promover la anexión de la isla y pretendían que la fuerza de trabajo negra pudiese emigrar a Cuba. Evidentemente para Cuba constituía una prioridad fortalecer las relaciones comerciales, suscribir un tratado de reducción tarifaria y conseguir un mercado seguro en la Unión Americana. Sin embargo, la aprobación de la reducción tarifaria en el congreso estadounidense no era una tarea fácil, ya que como nos informaba La Lucha: “Casi la mitad de los demócratas se opone a temperate forest biome la reducción”. Por otra parte, se pretendía que el gobierno cubano asumiera todas las obligaciones de los tratados. Como hemos mostrado, en Vísperas Republicanas, el anexionismo se convirtió en un factor de peligro para el futuro cercano de Cuba. Por un lado, se señalaba a La Habana como un posible lugar para establecer una estación naval estadounidense de acuerdo a lo propuesto y publicado por el almirante Bradford. Por el otro, se publicaba otra carta del independentista Enrique Collazo denunciando que: “Estados Unidos ya tiene realizado un plan para apoderarse de Cuba, lo que les asegura el control del Golfo de México e impide la comunicación con Europa a México, Centroamérica y Colombia [...] (Concluyendo) nos han reducido a la miseria.” De la misma opinión era Manuel Sanguily. A estas voces y discursos disonantes se sumaron las posturas de Juan Gualberto Gómez y Salvador Betancourt Cisneros, enfrentadas con los grupos de “españoles integristas y de los cubanos autonomistas en abierta colaboración con el gobierno de ocupación”, esta situación fue otra muestra más del ambiente de tensiones y confrontaciones que se vivía en la antesala del establecimiento de la República. La columna Vísperas Republicanas reseñó los últimos días de la intervención estadounidense advirtiendo a sus lectores: “Sí no somos cuerdos el yankee nos meterá en cintura […] le hemos concedido el derecho del más fuerte. Cuba no puede dejar que el gobierno interventor imponga su burocracia judicial y fiscal”. Al mismo tiempo, manifestaba que Cuba era “la más hermosa tierra” y que la isla de Pinos contaba con una enorme riqueza natural, por lo que en su opinión: “Se encuentran tristes los interventores por dejar Cuba [...] extrañarán el poder y las atribuciones”.